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Revista nº1 / julio - agosto 2008 | Sumario CN1 | Sector La tarjeta profesional entra en vigor

La tarjeta profesional entra en vigor

Acredita la formación recibida en materia de prevención, la categoría profesional y los periodos de ocupación

El Convenio General del Sector de la Construcción 2007- 2011 determina que la Tarjeta profesional del Sector de la Construcción (TPC) sea obligatoria a partir del 31 de diciembre de 2011. Se trata de un documento que acredita la formación recibida en materia de prevención, la categoría profesional y los periodos de ocupación. Permite a la empresa certificar que sus trabajadores disponen de la formación mínima indispensable en materia de prevención, constatar que los nuevos trabajadores están al día en este aspecto y comprobar que los trabajadores pertenecientes a las empresas subcontratistas tienen la mencionada formación.

Pueden solicitar la tarjeta los trabajadores en situación de alta o incapacidad temporal que trabajen dentro del ámbito de aplicación del Convenio General del Sector de la Construcción; así como los trabajadores en desempleo que tengan acreditados al menos 30 días de alta en el periodo de doce meses anteriores a la fecha de solicitud.

Para obtener la tarjeta es necesario haber recibido al menos la formación inicial en materia de prevención de riesgos laborales, de acuerdo a lo establecido en el Convenio.

Los puntos de tramitación de la tarjeta son los centros de la Fundación laboral de la Construcción, Asociaciones empresariales de la Confederación Nacional de la Construcción (CNC) y federaciones sindicales de Construcción, Madera y Afines de CC OO (FECOMA-CCOO), y Metal Construcción y Afines de la UGT (MCAUGT).

Los expedientes de solicitud de la tarjeta visados en los puntos de tramitación deben ser validados en los “centros de Validación”, que se ubican en las sedes de los Consejos Territoriales de la Fundación Laboral de la Construcción.

El Presidente de la Fundación Laboral de la Construcción de Navarra, José de Diego (ANECOP), el Vicepresidente de la Fundación, José Ramón Ibañez, (FECOMA-CC.OO) y Emilio Lezana (Gerente FLCN), consideran la puesta en marcha de la tarjeta un importante paso para mejorar las condiciones de seguridad y reducir la siniestralidad en el sector.

José Ramón Ibáñez: La puesta en marcha de la tarjeta es una buena noticia para el sector, porque la tarjeta está ligada al sector en su conjunto. Establece unos requisitos de formación en prevención de riesgos que no siempre se estaban dando. Con la tarjeta, todos los trabajadores van a tener una formación mínima, impartida en determinados centros, y con determinadas garantías.

¿Cuál es la implicación de la Fundación Laboral de la Construcción en el proceso de tramitación de la tarjeta?

José Ramón Ibáñez: La Fundación está presente en el sector desde 1992 y las partes implicadas entendimos que lo lógico es que se haga cargo de la tarjeta, aunque, insisto, es una tarjeta impulsada por el Convenio. Con la tarjeta estamos “obligando”, entre comillas, a todo el sector a que se forme en prevención de riesgos.

¿Responde esta medida a una necesidad percibida dentro del propio sector de establecer unos requisitos claros para la formación en prevención?

José de Diego: El Convenio se firma con unos fines: prevención, formación y certificación. La patronal y los sindicatos acuerdan crear una formación en prevención. Esto es consecuencia de una serie de necesidades: un sector con una alta siniestralidad, que tiene un autoconcepto y una consideración social bajos, y con una serie de particularidades. La Fundación lleva muchos años trabajando en este sentido, y hoy la TPC es el resultado visible. La tarjeta significa que hay una voluntad social y económica para llevar a cabo esta regulación.

¿La tarjeta impone al trabajador una mayor implicación con su formación en prevención de riesgos?

José de Diego: El objetivo es implicar a todas las partes. La tarjeta permite controlar que el trabajador tiene la formación. Y eso supone que el trabajador tiene que formarse y preocuparse de su propia salud y su propia seguridad. La presentación de la tarjeta la hacemos no con escepticismo, sino todo lo contrario. Es una prueba de patronal y sindicatos hemos aunado esfuerzos para conseguir que sea una realidad. Y esto es bueno para el trabajador, y para la empresa en la que está trabajando o para cualquier otra en la que estará en el futuro. Mientras haya un solo accidente, continuaremos con esta labor.

¿En qué medida afecta la TPC a la labor del empresario del sector?

José de Diego: Para el empresario, no sólo es cuestión de que el trabajo se haga lo más rápido posible, sino de que se haga bien; y ese buen hacer comprende la integridad física del trabajador. Además, entre otras cosas, tiene que considerar cuánto le cuesta una baja. A mí me preocupa mucho que mis costes estén bajo control, para que mi empresa sea competitiva, por lo que debo cuidar esto mucho más que cualquier otro elemento.

José Ramón Ibáñez: Tengo que hacer una puntualización. Muchas veces esa formación inicial no se estaba dando por parte de la empresa, ya que no se estaba formando al trabajador para desempeñar su labor de forma adecuada. Como organización sindical, creemos que la gran aportación de la tarjeta es garantizar que absolutamente todos los trabajadores van a tener esa formación inicial, tal y como amandata el Convenio General. A 31 de diciembre de 2011, todo trabajador que no tenga la TPC, y obviamente, para poder solicitarla, haya completado la formación en seguridad y salud, no va a poder trabajar.

La tarjeta implica a ambas partes, no sólo al empresario. El empresario va a tener que contratar trabajadores con TPC y los trabajadores van a tener que sacarse la TPC. Vamos en el mismo bloque. Todos estamos velando por los mismos intereses.

José de Diego: La legislación impone a las empresas la necesidad de certificar la formación en prevención, del mismo modo que tiene que certificar el pago a la Seguridad Social. Muchas personas se han lanzado a la responsabilidad del empresario por necesidad. Es una responsabilidad que en principio no han pedido, pero se han encontrado con ella. Lo hace con buena voluntad, y trabaja tal y como ha visto trabajar, tal y como él ha realiza do el trabajo. Y todo lo que él ha estado olvidándose de la prevención, de la seguridad, lo proyecta en sus empleados. Y entonces la ley le obliga a certificar. En definitiva, se trata de que quién accede al sector cumpla una serie de requisitos y tenga unos conocimientos, para ayudar a esas personas, a esos pequeños empresarios, que con tremenda fe se han metido en esto.

¿Es la tarjeta el mejor medio para hacer efectivo el cumplimiento de las necesidades de formación? ¿Se va a solucionar con la tarjeta la picaresca asociada a la prevención?

José Ramón Ibáñez: Creemos que va a ser un medio efectivo. Pero supongo que existirá la picaresca. En las carreteras el límite de velocidad es 120, pero también están los radares, para que se respete ese límite. Y va a ocurrir lo mismo con la TPC. Si una empresa intenta saltarse la formación en seguridad y salud de sus trabajadores, con la TPC lo va a tener mucho más complicado, porque tiene sus mecanismos de control. No obstante, una vez implantada la TPC de modo obligatorio, si se dan este tipo de actuaciones en ciertas empresas, no sé hasta que punto deberían calificarse como tales. Hay que tener en cuenta que se trata de una formación específica para el sector de construcción, no un curso genérico. El trabajador aprende a solucionar las situaciones que se va a encontrar en la obra, por lo que le puede sacar mucho provecho.

José de Diego: La TPC es una evolución de lo que en su momento se llamó la cartilla profesional, lo que significa que siempre ha habido una voluntad de certificar o controlar, no solamente la formación, sino los puestos de trabajo, oficios… Es decir, siempre ha habido una voluntad de regular el sector. Ahora, con la tarjeta se hace obligatoria, por lo menos, la formación en prevención, pero además, pueden añadirse otras cuestiones relacionadas con la cualificación, titulación, lo que consolida esa voluntad.

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