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Revista nº 1 / julio - agosto 2008 | Sumario CN1 | A fondo Planificación Urbana Sostenible

Planificación Urbana Sostenible

MANUEL ENRÍQUEZ JIMÉNEZ
Arquitecto (Barcos y Enríquez, arquitectos)

Ahora es el momento

La preocupación de nuestra sociedad por los efectos de nuestras acciones sobre el medio ambiente es ahora patente. La situación de crisis ambiental, manifestada a escala global, comienza a ser objeto de atención en múltiples ámbitos con una conciencia cada vez mayor de la gravedad de los problemas ambientales.

Es un momento importante que nos debe llevar a redirigir nuestro pensamiento hacia cómo contribuir de manera más clara para un futuro más sostenible de nuestra sociedad.

Los primeros indicios documentados de preocupación por la relación entre los entornos natural y artificial en el ámbito de la civilización occidental aparecen con Vitruvio y sus recomendaciones sobre temas, tales como el emplazamiento, la orientación y la iluminación natural. Basados en planteamientos siempre centrados en el hombre, en la medida en que se veía la naturaleza como un recurso para satisfacer las necesidades humanas. Este punto de vista se mantuvo durante dos milenios.

En el siglo XIX, la creación de las grandes ciudades y las condiciones extremas de insalubridad provocaron una tendencia hacia un nuevo urbanismo, de índole higienista, que traía consigo un nuevo concepto; el de la preservación de la naturaleza. Se consideraba a la naturaleza como un bien susceptible de apropiación por parte del hombre.

Posteriormente llegó el movimiento moderno, que a pesar de su defensa por el papel social de la arquitectura y el urbanismo, seguía considerando la naturaleza como un telón de fondo de la urbanización, pero no se reflexionaba sobre el agotamiento de los recursos.

No es hasta después de la Segunda Guerra Mundial cuando se empieza a fomentar un nuevo modo de pensar en arquitectura y urbanismo iniciándose durante los años 50 y 60 una investigación sobre fuentes de energía que pudieran remplazar algún día a los combustibles fósiles. Por primera vez la tecnología y la ciencia fueron aplicadas a la exploración de las energías renovables. No obstante el optimismo de aquellos años hacía creer que no había problema que no pudiese ser resuelto mediante la ciencia.

Sin embargo los últimos años 60 y principios de los 70 trajeron consigo una pérdida de la confianza en la ciencia y el progreso tecnológico y la crisis del petróleo originó una nueva ola de investigación sobre las fuentes de energía no fósiles. El término ecológico comenzó a emplearse y se inició una etapa de concienciación sobre la fragilidad de nuestro planeta. No obstante el repentino auge de los años 80 devolvió la fe en el desarrollo económico y técnico, y el bienestar material volvía a ser el máximo objetivo del ser humano, incluso aunque fuese a expensas de la naturaleza. Sin embargo ya existían ciertas actitudes arraigadas y la preocupación sobre la salud del planeta comenzaba a estar ampliamente difundida en la mayoría del los países industrializados.

La ecología se había ganado una presencia significativa el los medios de comunicación y sus preocupaciones eran ampliamente compartidas. En 1992 líderes de 172 países se reunieron en Rio de Janeiro en la 1º cumbre del Medio Ambiente y se acuñó el término “sostenibilidad”: la salud de la naturaleza pasaba a ser considerada como esencial para el bienestar y supervivencia de la humanidad.

La Directiva 93/76/CEE del Consejo, de 13 de septiembre de 1993, relativa a la limitación de las emisiones de dióxido de carbono mediante la mejora de la eficacia energética (SAVE), que no fue efectiva ya que países miembros, como España, tenían una normativa diferente en cada comunidad autónoma.

La directiva 2002/91/CE de 16 de diciembre de 2002 relativa a la eficiencia energética de los edificios, establecía unos plazos para el cumplimiento de esta normativa e imponía sanciones a los países que no llevaran a cabo la ejecución de la misma.

Es en este momento cuando en España se lleva a cabo la realización de un documento para la aplicación de esta directiva, el Código Técnico de la Edificación. Entre todas sus exigencias existen artículos en los que se exigen requisitos que tienen que ver directamente con la sostenibilidad, sobre “higiene, salud y protección del medio ambiente” (HS) y sobre ahorro de energía (HE).

Con este desarrollo normativo igual hemos “empezado la casa por el tejado” y ahora debemos ser capaces de construir los cimientos y la estructura de la misma y, para ello, los numerosos acuerdos, directivas y legislaciones que se han redactado para lograr un desarrollo más sostenible en las ciudades es preciso concretarlos desde la práctica del planeamiento.

Ya que la ecología se está liberando de su limitado papel de “mero culpabilizador de conciencias” y la ecología actual ya proporciona a los planificadores un apoyo científico sobre el que basar sus decisiones, las ciudades deben comenzar a ser consideradas como complejos ecosistemas artificiales, consiguiendo en ellas el equilibrio entre los tres aspectos que se deben integrar en la sostenibilidad: ambientales, económicos y sociales. Es el momento.

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