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Revista nº 3 / noviembre - diciembre 2008 | Sumario CN3 | SectorEl Código Técnico de la Edificación y los arquitectos

El Código Técnico de la Edificación y los arquitectos

JAVIER GARCÍA-BARBERENA
Presidente de la Delegación de Navarra del Colegio Oficial de Arquitectos
Vasco-Navarro
El fomento de la calidad de la edificación, la seguridad de uso, la salubridad y el ahorro de energía, con el consiguiente aporte a la sostenibilidad, son fundamentos básicos que impulsaron la redacción del CTE y su puesta en marcha paulatina, en consonancia con las líneas generales de la Ley de Ordenación de la Edificación y en convergencia con la normativa de la Unión Europea. En lo que se refiere a los arquitectos en su proceso de redacción de proyectos y dirección de obras, así como al Colegio en su servicio de visado y garantía de calidad, la entrada en vigor de los distintos apartados del CTE tiene consecuencias diversas.

Por una parte es indudable que la aplicación de una normativa tan extensa y pormenorizada exige por una parte un trabajo previo de conocimiento y asimilación de la propia normativa y la adecuación de las estructuras mentales del proyectista a la nueva situación y por otra, mayor atención en la redacción del proyecto y en el proceso constructivo de la obra, toda vez que el Código regula la práctica totalidad de las prestaciones del edificio y por tanto de las soluciones constructivas que justifican su cumplimiento. En este sentido la aplicación y cumplimiento de las determinaciones del Código exige que los proyectos arquitectónicos se vayan configurando cada vez con mayor presencia de documentación escrita de todo tipo, mientras se va reduciendo la proporción de los planos y documentos gráficos.

Frente a esta limitación del oficio propio del arquitecto hay que reconocer que el CTE, junto con la incesante aportación de los fabricantes en cuanto a materiales y nuevas tecnologías, constituye una oportunidad para diseñar mejores soluciones constructivas que poco a poco irán cambiando los usos y las cultura arquitectónica no sólo de los profesionales, sino también de los usuarios, destinatarios finales de la edificación.

Incluso asumiendo que cualquier norma está abocada a adaptaciones, cambios y mejoras en función de la experiencia resultante de su aplicación, desde el punto de vista de los profesionales de la arquitectura se aprecian desde el principio y con carácter general, algunas condiciones del CTE que suponen ciertas disfunciones con relación a su objetivo final, que no es otro que la consecución de edificios más seguros y eficientes. Se detecta por una parte la estructura “vertical” de la redacción de la norma, en el sentido de que las diferentes líneas básicas referidas a seguridad (estructural, frente a incendio, de utilización), salubridad (estanqueidad, higiene, protección contra el ruido), protección del medio ambiente y ahorro de energía (aislamiento, contribución de la energía solar), parecen haber sido concebidas de modo independiente, sin relación coherente de unas con otras, de modo que en ocasiones resultan incompatibles las exigencias de unas y otras, haciendo francamente difícil su cumplimiento. En este sentido el Código no aporta relaciones “horizontales” entre las diferentes líneas normativas, lo que dificulta una lectura transversal de la norma en su conjunto, que es a lo que el arquitecto se enfrenta en su obligación de justificar el cumplimiento de todas las líneas en una misma solución.

Es un hecho que las técnicas constructivas van evolucionando conforme el mercado va aportando nuevos materiales y soluciones, pero junto a esta realidad convive otra, que indica que la ejecución de la construcción se realiza de modo mayoritario por personal poco cualificado, por lo que esta actividad constituye una gran bolsa de empleo de este nivel básico. Así las cosas, la implantación de este conjunto de normas sin dar tiempo a que los operarios se familiaricen con los nuevos sistemas, soluciones, técnicas y materiales constituye un importante reto en el que el arquitecto se implica desde el inicio mismo del proceso, debiendo proyectar soluciones que, cumpliendo las exigencias básicas obligatorias y utilizando técnicas y materiales del mercado, resulten mínimamente compatibles con los hábitos y conocimientos de los operarios que finalmente han de realizarlas. El documento básico referido al ruido es un ejemplo claro de esta dificultad, que va a exigir un esfuerzo considerable por parte de técnicos, contratistas y operarios en el sentido de modificar los criterios clásicos de construcción de cerramientos y soleras, debiendo empezar a introducir técnicas, materiales y soluciones de filosofía radicalmente diferente de la aplicada hasta el día de hoy. En este punto la preocupación es tan general y profunda que es probable que se aplique una moratoria de seis meses a la entrada en vigor de este documento básico, cuya fecha teórica era a finales de octubre.

En lo que se refiere a la labor del Colegio también el CTE ha supuesto una profunda transformación de la actividad y procedimientos. El desarrollo del servicio de visado y la consiguiente tutela de la calidad de los proyectos, que el Colegio presta como uno de los fines de su actividad en relación con la sociedad, ha debido adaptarse necesariamente a la nueva situación en dos vertientes.

Por un lado, la operativa del visado de proyectos se ha visto incrementada de modo notable por la existencia de una mayor cantidad de documentos y por la creciente complejidad de los mismos, de modo que el tiempo invertido en cada proyecto por los técnicos encargados del visado es sustancialmente mayor que en la situación anterior a la entrada en vigor del CTE. Por otra parte, los proyectos de edificación incluyen cada vez más elementos que no son puramente arquitectónicos, como instalaciones y cálculos, desarrollados frecuentemente pro otros técnicos titulados, que sin embargo se incluyen en el proyecto arquitectónico.

Ante esta situación el Código Técnico no es concluyente respecto a la necesidad y obligatoriedad del visado de tal documentación, quedando indefinido el ámbito de actuación colegial, tanto para los arquitectos como para otras especialidades. En todo caso, el Colegio de Arquitectos mantiene el criterio de estudiar el conjunto de la documentación proyectual y de velar por la calidad del producto profesional, exigiendo a sus colegiados la justificación del cumplimiento de las exigencias básicas.

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