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Revista nº 4 / enero - febrero 2009 | Sumario CN4 | Arquitectura IX Bienal Española de
Arquitectura y Urbanismo

IX Bienal Española de Arquitectura y Urbanismo

Arquitectura para todos los públicos
Los profesionales de la arquitectura, los aficionados y los curiosos tienen la oportunidad de asomarse en Pamplona, hasta el mes de febrero, a los proyectos arquitectónicos españoles más sobresalientes de estos últimos años.

El Colegio Oficial de Arquitectos Vasco-Navarro (COAVN) acoge en sus oficinas la IX Bienal Española de Arquitectura y Urbanismo, exposición que exhibe un total de 32 trabajos, presentados de una manera didáctica, lo que permite acercar las grandes obras de la arquitectura española a todos los públicos.

La exposición presenta los proyectos más representativos de la arquitectura española durante el bienio 2005/2006, que fueron seleccionados para tomar parte dentro de la pasada edición de la Bienal de Arte de Venecia, entre los cuales destaca la Torre Cube de Carme Pinós, que ganó el Premio de Arquitectura; los Equipamientos Londres-Villaroel, de Jaime Coll y Judith Leclerc, Premio de Vivienda Colectiva; o el Centro de las Artes de A Coruña, obra de Victoria Acebo y Ángel Alonso, que fue merecedor del Premio Arquitectura Joven. Así como edificios emblemáticos y sobradamente conocidos por el público, como la barcelonesa Torre Agbar, de Jean Nouvel; o el edificio Veles e Vents, proyectado por David Chipperfield en el puerto America´s Cup de Valencia.

Hablamos con Mariano González Presencio, subdirector de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de la Universidad de Navarra y socio del estudio WARQS Oficina de Arquitectura, para saber algo más sobre algunos de los proyectos recogidos en esta exposición. Arquitecto de origen vizcaíno afincado en Navarra desde que finalizó sus estudios en 1981, González Presencio es responsable, entre otros proyectos, del edificio del Parlamento de Navarra o los polideportivos de Estella y Olazagutía.

“Aunque siempre es complicado hablar de los proyectos de otros profesionales – afirma González Presencio- se puede decir que la Torre Cube es un edificio ambicioso en muchos aspectos, aunque discutible también, que propone una nueva forma de enfrentarse a la edificación en altura”.

“Por un lado, -explica- la autora tiene que mantenerse fiel a sus principios formales y, al mismo tiempo, responder a las características típicas de un edificio en altura. La forma en la que lo ha hecho es una cierta reinterpretación de un esquema clásico de edificios en altura, con un núcleo resistente y luego unos elementos volados en el exterior. En este caso, la estructura se ha subrayado por medio de la diferencia radical de materiales, con ese núcleo resistente de hormigón, y la utilización masiva de la madera en el cerramiento de los elementos volados. Es sorprendente el uso de madera en edificios en altura, aunque efectivamente, aporta la ligereza que se necesita para los cuerpos volados. Al mismo tiempo, su escala y su textura lo alejan de este tipo de construcciones, resueltas normalmente en acero y vidrio, y esto hace del proyecto algo totalmente novedoso”.

Geometría libre

También destaca del edificio de Pinós la geometría “libre y suelta”, que se aleja de los cánones habituales, así como el hecho de que “ese núcleo resistente sea un núcleo vacío, lo que provoca una especie de gran chimenea interior, que es otra de las originalidades del proyecto”.

En cuanto a los aspectos considerados más polémicos de la Torre Cube, González Presencio entiende que se pueden resumir en el comportamiento de la madera, las necesidades de mantenimiento que determina su uso, y su posible degradación. “También ha sido criticado por el excesivo formalismo, provocado por el juego de geometrías, que ha sido muy comentado entre diferentes profesionales”, recuerda.

Proyectos emblemáticos

Dentro de la gran variedad de proyectos recogidos en esta exposición, González Presencio destaca dos edificios que, por diferentes motivos, también han sido considerados, pero que “independientemente de esta polémica, tienen fuerza e interés, y se han convertido en referente simbólico de la ciudad en la que se han levantado, lo que no es necesariamente bueno, pero es algo que sólo está al alcance de unos poco edificios, como el Museo Guggenheim de Bilbao, la ópera de Sidney, o la Torre Eiffel”.

Por un lado Veles e Vents, proyectado por Chipperfield con motivo de la Copa América de Vela, que el arquitecto describe como “una tribuna para presenciar el desarrollo de la competición de vela, un espacio vacío, muy sencillo, muy bello por la forma en que se despliega, muy interesante, que parece flotar sobre el agua”. Por otro lado, la muy polémica Torre Agbar, “prácticamente llevada a cabo a base de dovelas de hormigón con una superficie exterior resistente y una segunda piel revestida por una especie de efecto pixelado, un guiño al universo tecnológico digital. Planteada como un icono de la Barcelona moderna, está destinado a competir con la Sagrada Familia, aunque ha sido muy criticado por su forma, y se le ha achacado falta de altura”.

La IX Bienal Española de Arquitectura y Urbanismo ha sido organizada por el Ministerio de Vivienda en colaboración con el Consejo Superior de los Colegios de Arquitectos de España (CSCAE). La exposición se exhibe en el vestíbulo de la delegación navarra del COAVN (Avenida del Ejército, 2-7ª planta), en horario de 9 a 14 horas, de lunes a viernes.

Justicia poética

González Presencio ve un acto de “justicia poética” en el hecho de que el premio de arquitectura haya recaído en Carme Pinós, quien fue durante muchos años pareja del desaparecido arquitecto Enric Miralles. “Durante cierto tiempo fueron el equipo más deslumbrante entre los arquitectos jóvenes españoles, con un montón de obras que les hicieron muy famosos, sobre todo por hacer una arquitectura formalmente atrevida, con una geometría compleja, muy personal, que desarrollaron durante el tiempo que estuvieron juntos. En cierta medida, al romperse su relación personal y profesional, la fama se la quedó Enric Miralles. Miralles murió poco después, muy joven, a los 45 años, de forma sorpresiva, y esta circunstancia- recuerda González Presencio- alimentó su leyenda y creó un cierto mito alrededor del personaje, lo que puso a Pinós en peores circunstancias para salir adelante profesionalmente. Con lo cual, este triunfo en la bienal viene a ser una especie de justicia poética respecto al silenciamiento que se ha hecho de esta arquitecta. Con este premio vuelve merecidamente a la primera línea de la profesión”.

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